Especial: el día de la neutralidad de la red

Publicación diaria sobre tecnología y negocios creada por Álex Barredo, redactor de tecnología en La Vanguardia.

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Neutralidad de la red es que cada operador no de prioridad a los datos que transmite según su origen, destino o protocolo. Cada bit es idéntico y debe ser tratado como tal.

Este dogma, sencillo, útil y aparentemente entendible es, a mayores rasgos, una interpretación correcta que indica la dirección adecuada a futuro para las comunicaciones. Llevo leyendo sobre la neutralidad de la red desde que me conecté casi por primera vez a Internet hace dos trillones de años, y viendo las mismas imágenes de futuros distópicos donde las operadoras te cobran tarifas distintas dependiendo qué paginas visitas.

A pesar de ello, en 2017, donde la densidad de población lo permite, tenemos conexiones de una calidad que hace años ni podíamos imaginar.

Ahora un par de preguntas:

  • ¿Es el modelo de neutralidad de la red sostenible? Nada parece indicar lo contrario.
  • ¿Habrá elementos futuros que fuercen a eliminar la neutralidad de la red? Quizá.

Pero sobre todo, la pregunta clave es:

  • ¿Estamos los usuarios y ciudadanos mejor servidos bajo este marco de neutralidad digital? A largo plazo sí, pero es difícil de vender la idea al común de los mortales.

Hoy es de 12 de junio, día mundial de la neutralidad de la red y docenas de grandes plataformas y servicios harán una performance para concienciar a sus usuarios de los problemas de perder estas protecciones legales, más en concreto en sitios como en Estados Unidos.

Nunca ha habido neutralidad de la red

La realidad es que si nos ponemos dogmáticos, la neutralidad de la red es directamente imposible y lo ha sido casi casi desde el minuto uno por diversos tipos de legislación aplicada que hacen responsables a los proveedores de comunicaciones y de alojamiento de lo que ocurre en sus redes.

Estas restricciones van desde ligeras y entendibles: nada de pornografía infantil, nada de contenido ilegal, fraude, etc. a censura total como en el caso de Corea del Norte. — Aceptamos que es una escala de grises entonces en la que no hay un extremo final blanco posible (libertad total) porque acabaríamos permitiendo lo que hoy está relegado a la dark web, la deep web o como le queramos decir.

En esa escala de grises estamos países como España, Argentina, México, Estados Unidos, etc. con legislaciones interesadas que echan del mercado agregadores de noticias y de enlaces a contenido de copyright, etc. a otros más restrictivos como Irán que bloquean acceso a aplicaciones de comunicaciones tradicionales y a otros mucho más restrictivos como China que bloquean hasta VPNs.

Entonces, viendo que la neutralidad de la red total no puede llegar a existir, nos conformamos con esta visión de neutralidad de la red light que respeta la legislación cuyo principal reto ahora mismo viene de las tarifas “zero rating” o de exclusión de medición.

No todos los análisis de la red son malos

Veréis, hay varias formas de romper esta neutralidad de la red:

  • una plataforma que pague a las operadoras porque sus datos sean gratuitos o tengan prioridad en caso de saturación. Este es fácilmente entendible como una afrenta ante la libertad de los clientes para elegir entre aplicaciones rivales porque hay un desequilibrio hacia la que no cuenta para sus tarifas.
  • una operadora que decide de forma unilateral ofrecer un descuento en los datos consumidos por determinadas aplicaciones.
  • una operadora móvil prohibiendo explícitamente el uso de conexiones VoIP en sus redes, como ha ocurrido en varias ocasiones en España.

Ambas requieren analizar y discriminar los datos, pero solo la primera es preocupante. La segunda puede llegar a serlo en casos concretos como por ejemplo:

  • no haya suficiente ofertas en el mercado a disposición de los ciudadanos para elegir entre diferentes operadoras.
  • la operadora elija de forma caprichosa las aplicaciones, plataformas o protocolos. Este sería el caso de las ofertas de Facebook y operadoras en la India que fueron declaradas ilegales por diversos tribunales del país en 2016 y 2017. — Un ejemplo concreto sería que en España o en otros países Movistar no sumase los datos de ver Canal+ (un servicio de su propiedad) en sus tarifas móviles o diera prioridad a las conexiones a Canal+ en las conexiones fijas.

Más allá de esos dos ejemplos, es difícil ver cómo analizar y optimizar los recursos de red pueden resultar en algo perjudicial para los ciudadanos más allá de su privacidad. Que ya de por sí es grave.

De hecho, hay casos en España que sí afectan a los ciudadanos como puede ser la relación técnica entre Netflix y Movistar. Movistar no tiene incentivos para mejorar las interconexiones con los servidores de Netflix, y los clientes de Movistar sufren para poder utilizar el servicio de Netflix con tranquilidad en horas pico.

Lamentablemente, Movistar parece estar del lado de la neutralidad de la red. Si sus conexiones con Netflix se saturan en su red, se han saturado. Y añadir más capacidad técnica a ese cuello de botella sería en cierto sentido una violación de la neutralidad con la que tratan a los datos.

Como veis, y espero haber sabido comprender bien este tema complejo del que no soy para nada experto, no hay buenos ni malos. Los intereses de los consumidores y los ciudadanos, y de la ley incluso, que emana de ellos, debe estar siempre por encima de la neutralidad de la red.

En el futuro las conexiones quizá sean tan seguras y privadas que ningún operador pueda permitirse analizar los datos de los usuarios y priorizar unos sobre otros.

De momento, centrémonos en promover que haya mucha competencia entre plataformas online y servicios de comunicaciones para que no tengamos que preocuparnos del precio por el que nos cobren unos bytes a un precio u otro. El mercado y la evolución tecnológica parecen haberse encargado de ello de forma efectiva durante las últimas cuatro décadas.

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  Comments: 1


  1. Muy bueno el resumen de la situación actual Álex. Creo que el mayor problema es querer plantear una batalla sobre el zero rating (legal vs. ético) sin dar por hecho que no es más que una manera de las operadoras de abrir la puerta a cosas peores para la neutralidad de la red. No tienen la fama que tienen porque sí.

    Obviamente ni Vodafone ni las que vengan van a plantear nada en términos de “ey, esto es malísimo para vuestro futuro -genial para el nuestro-” sino que pretenden írnosla colando sin que nos demos cuenta. Ahora X es gratis, “genial”. Luego llegará una plataforma de vídeo de la operadora que no te cobre el consumo tampoco y…

    Al final es como cuando FB convenció a todas las empresas de que había que estar ahí y llevar el negocio a su plataforma. Una vez dentro, cambian las normas, a pasar por caja para obtener visibilidad, todo el mundo manos a la cabeza. “¡Es que antes no era así!”. Ya, como todo. No piquemos en los anzuelos.

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